Detestamos la pobreza y
todo lo que amenaza el bienestar.
Definitivamente los modelos administrativos tradicionales han tocado
fondo. Ya era hora de evolucionar un modelo gerencial, que
fragmentada abierta y considerablemente la integridad del hombre
frente al trabajo. La cultura empresarial occidental, durante mucho
tiempo, le ha rendido culto a la cultura del TENER, negando la
existencia de la cultura del SER; o, en el mejor de los casos, dejándola
casi en el ostracismo. La cultura del tener ha gobernado la vida de
nuestras empresas por demasiado tiempo y es necesario reconocer, de
una vez por todas, que prolongar la vigencia del modelo tayloriano es
la mejor manera de iniciar la obsolescencia organizacional de cara al
siglo XXI. A la cultura del tener le debemos muchísimos aciertos que, a
su debido tiempo, fundamentaron el desarrollo empresarial. Pero,
cuidado, que esos mismos aciertos del pasado hoy puede ser la puerta
abierta para males muy grandes que pueden llevarnos al
estancamiento, no sólo de la empresa, sino de la humanidad. No se
necesita tener una bola de cristal para darse cuenta de cómo esas
viejas creencias ya empezaron a ahogar el contexto empresarial, y es
necesario recordar que una muerte por asfixia es lenta pero bastante
penosa. La cultura del tener no es nociva en sí misma: los planes de
expansión empresarial al estilo Carlo Magno, tipo IBM o AT&T, la
ambición desmedida, el afán de poder y la actitud de poseer sin
límites otrora era toda una misión gerencial de primer orden digna de
la más sana admiración. Las empresas siempre quisieron crecer sólo
para ser más poderosas, es decir, su solidez ha estado representada en
su poder económico y en el dominio de mercados.
Para asegurar el éxito de este contexto, la participación del hombre
ha sido excesivamente técnica: expertos del conocimiento técnico y
científico desde la gerencia hasta la máquina. Por ello, el triunfo a lo
largo y ancho del mundo le han pertenecido a las organizaciones que
han sido obsesivas en la capacitación técnico-científica; personal
mejor capacitado en estas áreas visibles ha significado mayor
competitividad. Las empresas entonces, se dedicaron a explotar un
solo filón del hombre, el técnico-científico, separándolo de su esencia
espiritual ya que ésta no le aportaba mayor cosa a ese modelo
productivo. Esto significaba que este desarrollo empresarial le ha
rendido culto a un componente: el intelectual. La empresa siempre ha
desconocido la inteligencia integral del hombre. La empresa jamás se
ha percatado de que el componente espiritual del hombre es el que le
da posibilidad de existencia, profundidad, claridad y solidez al
intelecto que, carente del fuego interno del espíritu, resulta vacío,
frío, calculador, incompleto y extremadamente superficial. La
inteligencia centrada en el intelecto puro sólo puede hacer posibles
resultados de tipo racional medibles y cuantificables, ya que su
función es el análisis de las condiciones racionales de un contexto
determinado, lo que nos lleva a concluir que la visión de tipo racional
es limitada, no contempla el elemento PERSPECTIVA como un
componente serio, definitivo para el éxito gerencial integral. La visión
profunda es propia de la inteligencia espiritual, aquella que se origina
en el interior del hombre como producto de una continua reflexión que
abarca todas las partes y no sólo las que constituyen la racionalidad.
Es necesario darle integralidad al concepto de espiritualidad. En
primer lugar, digamos que no tiene que ver nada con mística, tampoco
con ritos, ni contiene elementos de tipo religioso; la espiritualidad es
la esencia del hombre, constituida por su conciencia pura, es la
integridad total del ser en toda su dimensión, es la más grande
expresión natural del carácter único que no permite fraccionamiento,
ya que perdería todo su poder universal; la espiritualidad es el
ejercicio de la inteligencia plena y absoluta; la máxima expresión de
la persona proviene del uso óptimo y de la conciencia que tenga del
poder de su inteligencia integral. Por lo anterior, no puede resultar
extraño que, si una empresa cultiva en sus miembros toda
manifestación inteligente que contenga un alto grado de conciencia,
dicha empresa tendrá más poder en todo su entorno. Las
organizaciones más competitivas ya empezaron a sembrar en su
interior el fuego de la espiritualidad. Con acierto han comenzado a
reconocer la necesidad de administrar personas con sus sentimientos y
emociones incluidas; en nuestro medio, cada vez son más las
compañías interesadas en educar desde la calidad de vida de su gente.
Conozco muchas empresas preocupadas porque las personas se
proyecten desde su interior, es decir, desde su espíritu, ya que esto
garantiza mejor la calidad de vida como prerrequisito para el trabajo
en equipo, modalidad que se impondrá sobre el desempeño individual.
Es una realidad la transformación de la administración del trabajo: de
un modelo basado en la jerarquía y el poder, centrado en establecer el
orden, el control y la normatividad, a un nuevo modelo cuyo objetivo
gerencial está encaminado a superar el desempeño, no sólo a
mantener la buena ejecución operativa de una tarea; para este fin,
lograr el compromiso total de la persona es el gran reto gerencial y
éste sólo se obtiene inspirando su vida que es la que le da sentido y
proyección al desempeño. Es fundamental reconocer que el éxito en
los mercados hoy, no sólo dependen de un nivel de rendimiento
sobresaliente, sino además de un compromiso profundo de las
inteligencias puestas al servicio de la productividad, transformando y
construyendo un nuevo orden competitivo. Pero recuerde que aspectos
fundamentales para gerenciar hoy, como son inspirar la vida de la
gente, lograr compromiso profundo, establecer una alta dosis de
confianza, promover una vida de calidad y muchos otros aspectos de
esta índole, no pertenecen al mundo de la administración tradicional o
típicamente racional.
Se acabó el orden productivo centrado en la cultura del tener con un
modelo gerencial que, en primera instancia, fue útil y necesario, pero
que transcurrido un tiempo, empezó a causar estancamiento y
deterioro, que posteriormente se volvió débil e incompleto ante los
nuevos y exigente elementos que constituyen una gestión realmente
moderna y productiva. Por fin fueron derrotados definitivamente los
resultados mentirosos del cortoplacismo que pretendían suplantar el
equilibrio real de la verdadera esencia productiva; emerge EL
HOMBRE, como centro de la producción empresarial y; con él, nace la
GERENCIA ESPIRITUAL, valga decir, la gerencia del compromiso
integral y profundo, o la gerencia centrada en el SER, como una nueva
forma de vida, como un modelo administrativo sobre el que se
fundamentará en adelante el crecimiento equilibrado y equitativo de
todas las fuerzas organizacionales.
La GERENCIAL ESPIRITUAL, es la administración del SER. Parte de
valorar la esencia del hombre, que está construida por elementos
puramente ÉTICOS; las mejores empresas nos están demostrando que
la ética sí genera utilidades y que el respeto por el ser humano en el
escenario abierto del trabajo es la raíz nutriente de los mejores
resultados empresariales. Me impresionó escuchar al líder gerencial
Jan Carlson cuando dijo: “las empresas hoy deben administrar con un
nuevo elemento llamado AMOR, y en administración el amor está
constituido por tres elementos: RESPETO, CREDIBILIDAD Y
CONFIANZA”. Leyendo al industrial coreano Kim Woo Chong, creador
de imperio Daewoo, también aconseja sobre los grandes logros
empresariales fundamentados en el dar y compartir integralmente
todos los destinos empresariales; así mismo, algunas corporaciones han
empezado a proyectar la renovación organizacional por toda la
compañía, preocupándose fuertemente en que su fuerza laboral esté
enterada del negocio (gran secreto para la administración tradicional),
a estimular la participación de todos, a compartir las utilidades y
hasta participar en la bolsa accionaria. Alguna de ellas son: General
Foods, General Motors y Cummins Engine. Muchos elementos de estos
modelos le están abriendo el camino a la gerencia del SER.
Hasta hoy hemos gerenciado el quehacer, los resultados cargados en
extremo de operatividad, y esto ha hecho que nuestra dirección se
base en el excesivo control, en alta presión que en muchísimos casos
es un evidente irrespeto a la dignidad del trabajo; es frecuente
escuchar a las gerencias pedir presión, ejercerla y decirle que la
gente, si no es con “mano dura”, no funciona. Siempre se ha dicho que
no se debe gerenciar con el corazón; sin embargo, hoy cada vez más
gerentes están reconociendo la urgente necesidad de colocarle más
corazón a la gerencia. Es muy común en nuestro medio el gerente que
actúa como un “VIGILANTE CALIFICADO”, “el gerente de
mantenimiento” que justifica su cargo por medio del control obsesivo,
la normatividad carente de flexibilidad y la presión permanente,
aspectos todos estos que debilitan, envilecen y frustran las mejores
intenciones de un trabajo rico en dignidad, iniciativa, creatividad y
respeto.
Actualmente se habla de la gestión empresarial basada en el liderazgo,
pero este concepto no se puede asumir sólo de forma, DESDE EL VIEJO
MODELO, sin transformar la esencia de los caducos principios
gerenciales, cambiando sólo de piel, como la serpiente que deja su
vieja piel a la vera del camino pero sigue siendo la misma vieja
serpiente. He visto empresas que con las mejores intenciones le
ofrecen a sus gerentes cursos de liderazgo sin transformar la
concepción gerencial; y como es lógico, su cambio es sólo superficial,
efímero y, en muchos casos, hasta nocivo. Esto también lo hacen
porque parten de su antigua creencia, es decir, de la necesidad de
obtener resultados inmediatos, entonces también quieren “fabricar”
líderes en 20 horas.
El liderazgo puede ser el comienzo de la Gerencia espiritual, siempre y
cuando su función esté orientada a la transformación de principios y
valores en la vida de la organización. El nuevo papel de la alta
gerencia es el de crear un propósito corporativo auténtico, de orden
superior, que inspire, alimente y abra el camino de la autoexpresión
individual a todos los niveles, como fundamento de una nueva toma de
decisiones, tanto operativas como estratégicas. Esto es mucho más
que luchar por los objetivos fríos de cada año, que se vuelven
compromiso de nadie. Pero, en la gran mayoría de los casos se observa
que el liderazgo se orienta a transformar la acción de las personas
respecto a la empresa, no a las personas; para esto se crean programas
internos de diversa índole, concursos, incentivos de todo tipo y sus
líderes son altamente motivadores, pero cuando pasan todos estos
programas y el líder por cualquier razón no está motivado, en corto
tiempo se regresa a la etapa inicial, desapareciendo lentamente los
resultados obtenidos. Un ejecutivo no es líder porque estructure
campañas, o porque capacite, o porque incentive constantemente.
SÓLO SE ES LÍDER CUANDO SE TRANSFORMA LA VIDA DE LA GENTE Y, A
TRAVÉS DE ELLA, SE TRANSFORMA, CRECE Y SE DESARROLLA LA
ORGANIZACIÓN. Por tanto la pregunta clave que debe hacerse un buen
gerente es, ¿está orientada mi gestión en mejorar la vida de mi gente,
a transformarse desde sí mismos? ¿Cada uno de ellos se descubre a
través de mi orientación?
Considero necesario aclarar el concepto de “mejorar la vida de la vida
de la gente”. Hasta ahora, este concepto sólo se ha aplicado en
términos de la cultura del tener, ya que sostengo que, en general, las
empresas no se han ocupado de la vida de la gente, sino que tenga
más: mejor casa, mejor vehículo, mejor salario, mejores
bonificaciones, más facilidades, mejor salud. En este caso, mejor
significa MÁS. También esta cultura ha hecho que los empleados
perciban que una empresa es “buena”, de acuerdo con lo que ofrezca
de más. Generalmente se mejoran las necesidades básicas de que
habla Maslow, pero de ninguna manera la vida de la gente.
La Gerencia Espiritual se ejerce a través del liderazgo centrado en
principios y valores, está orientada a que la gente asista al
descubrimiento de su propia esencia, es el despertar de un ser nuevo,
renovado desde su interior y potenciado para ofrecerle a la
organización lo mejor que posee: su espíritu. La inteligencia que yace
dormida en el espíritu contiene tal poder que las empresas de la
cultura oriental nos han demostrado que con veinte empleados ellos
logran mayor productividad que una empresa occidental con
cincuenta.
La Gerencia Espiritual parte de una alta valoración del espíritu de la
gente, no sólo de su intento, ni de sus habilidades, ni de su suspicacia.
En ella, la gente asiste a su trabajo diario con la alegría auténtica que
proporciona la integridad del SER, esto lo hace más inteligente para
determinar sus responsabilidades desde el compromiso que adquiere
con su labor, la iniciativa nace como consecuencia de su
autosatisfación permanente; y, por fin, empieza la creatividad a tener
un campo real y verdadero dónde crecer y expresarse a sus anchas;
por tanto, he aquí la PRODUCTIVIDAD en toda su real trascendencia.
La Gerencia Espiritual administra todos los elementos resultantes o
subproductos emanados del conocimiento puro como valor productivo;
éste hace que la alta gerencia se vuelva guía, faro orientador para
iluminar la toma de decisiones y su visión hacia el futuro; también
hace que exista humildad gerencial y tan necesaria hoy, por sobre
todo, desaparece la necesidad de detentar el poder y el orden
jerárquico como medios de presión para lograr que la empresa
funcione con un alto rendimiento. Es la fuente donde se nutre el
espíritu creativo y transformador, por él la gente se toma más
comprensible y tolerante, investigadora y además adquiere la
capacidad de asumir responsabilidades, es decir, de COMPROMETERSE
integralmente. Lo que significa que la gente se vuelva
AUTOGESTIONADA, permitiendo que jefes y mandos medios se
dediquen a inspirar los valores y los principios generadores de
significados que es precisamente donde nace la convicción y la
devoción por el quehacer diario; desaparece así de la vida del trabajo
cargas tan nocivas como la dependencia, el temor, el control excesivo
y otros tantos males que hoy ahogan, desgastan y paralizan la función
administrativa. Mire su empresa actualmente y podrá identificar
algunas personas que son verdadero ejemplo de compromiso y
devoción con su trabajo; ellos nunca hay que presionarlos, ni
empujarlos a que den lo mejor; lo hacen con una alegría natural, casi
sin esfuerzo; ahora pregúntese cuál es la razón para que procedan de
esta manera y usted se sorprenderá escuchando respuestas de orden
espiritual: ¡vamos, haga la prueba¡ Por suerte, todos los tenemos
aunque `sea una especie tremendamente escasa. En la empresa los
llaman privilegiados, suertudos, o exitosos. La verdad es que sí son
exitosos, pero su éxito nace en su interior, creen profundamente en sí
mismos, son SERES ESPIRITUALES.
Pero, ¡mucho cuidado! El conocimiento puro tampoco es de orden
intelectual ni racional; no los excluye, pero sí los trasciende; es el
máximo estado de conciencia que le permite a la persona percibir
desde el interior de sí mismo y no con referencia al mundo externo,
donde sí se percibe el intelecto a través de patrones ya conocido y
previamente ordenados; las empresas hoy se administran tomando el
conocimiento intelectual y racional como fundamento, lo que origina
la falta exagerada de creatividad, originalidad e innovación; en la
Gerencia Espiritual el conocimiento espiritual es una excelente
herramienta, un medio de gran valor para llevar a cabo la
administración espiritual. La gerencia espiritual es educadora,
renovadora, creativa y profundamente sensible, tal como es el hombre
en su esencia inteligente y productiva. Por todo lo anterior, y con la
firme convicción de que el mundo competitivo nos requiere más
inteligentes y más integrados y clamando por un contexto empresarial
más autentico, dotado de gerentes mejor preparados integralmente
para asumir la enorme responsabilidad que nos depara el futuro,
tengo, que decir nuevamente: ¡BIENVENIDA LA GERENCIA ESPIRITUAL!
Es imposible pedirles a los gerentes que gerencien los valores cuando
menosprecian el concepto de espiritualidad dentro de las empresas. Es
más, cuando espiritualidad es un concepto que miran con reticencia,
recelo y fastidio. Los valores pertenecen al orden de lo espiritual y no
se pueden gerenciar desde el intelecto. Tal vez por esta razón los
valores organizacionales pertenecen más al mundo de la teoría de la
planeación estratégica que al mundo real de la vida diaria de los
directivos y empleados. Si no se gerencia el espíritu jamás podrán
entrar en vigencia los valores.