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EL DESPERTAR DE LA PROSPERIDAD

Iván Mazo Mejía

 
 
Detestamos la pobreza y
todo lo que amenaza el bienestar.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

riqueza

Leí por primera vez la expresión “modelos mentales” en el maravilloso tratado de administración de Peter Senge titulado la quinta disciplina y basado en esta teoría quiero compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de la manera como estamos siendo víctimas en esta difícil época de crisis por la que estamos atravesando en Colombia.
Vamos al grano.
El autor en mención toma una definición de Chris Argyris sobre los “modelos mentales” como las teorías de cada uno de nosotros tiene para explicarse cómo funcionan las cosas en su propio mundo y, por lo tanto, que tipo de resultados podemos esperar. El ejemplo que nos coloca nos da la mejor explicación: si yo creo que mi hijo no confía en sí mismo y mi hija es muy agresiva, continuaré interviniendo en sus discusiones para impedir que ella le dañe la autoestima. Existen ejemplos de empresas que han sido víctimas de modelos mentales como el caso de la industria automotriz americana otrora la más poderosa del mundo que fue víctima de su modelo mental de que la gente compraba vehículos por su diseño, no por la calidad ni por el servicio. La industria textilera Colombiana también fue víctima de su modelo mental basado en telas de excelente calidad, fue muy tarde cuando quiso cambiar su viejo modelo mental para incluirle las ventajas competitivas que brinda la tecnología.
Aplicado este concepto a la crisis en que vivimos hoy esto quiere decir que si yo como empresario, ejecutivo o comerciante estoy convencido de que la grave situación económica por la que atravesamos determina que la gente no está invirtiendo en viajes, apartamentos, ropa, vehículos, vacaciones o mercado, entonces, en lugar de lanzar nuevos productos, innovar las exhibiciones o renovar el surtido del almacén, presentar novedosos planes de viajes vacacionales o crea una estrategia para vender ese edificio, decidimos quedarnos quietos, para la inversión o reducir la calidad del servicio que antes entregábamos a los clientes. Es decir el “modelo mental2 de que esta situación está grave nos da la razón para actuar en consecuencia y, por lo tanto, el resultado es que vendemos menos vehículos, se cierran almacenes, salimos de empleados y a duras penas agradecemos poder sobrevivir. La inercia de los modelos mentales profundamente arraigados, dice Senge, puede ahogar los mejores conceptos optimistas de transformación y cambio.
Lo más peligroso de un modelo mental es que es “tácito”, es decir, actúa por debajo de nuestro nivel de conciencia. Los fabricantes de carros, agrega Senge, no decían “tenemos un modelo mental según el cual a la gente sólo le interesa el diseño”. Cuando uno no tiene conciencia de sus modelos no los examina, convive con ellos, los acepta como parte de la realidad que le toca vivir y, la catástrofe nos llega cuando terminamos siendo víctimas de ellos.
Un modelo mental puede convertirse en una dura y oscura prisión. Y lo peor, uno no se da cuenta cuando le está ocurriendo. Los “modelos mentales” nos justifican, nos dan la razón de nuestra forma tímida o conservadora de actuar ahogándonos en medio de hechos lúgubres, historias de terror que nos cuentan; nos paralizan no permitiéndonos superar con valentía e ingenio esta oscura realidad en que nos encontramos sumidos. Los “modelos mentales”, dice Senge, son muy poderosos porque no sólo determinan el modo de interpretar una situación, sino nuestro modo de actuar. Lo que significa que si vemos almacenes cerrados, leemos en la prensa la caída estruendosa de las ventas, escuchamos en la radio los pésimos resultados de los bancos o vemos en televisión el auge de la violencia y la pobreza, entonces, de inmediato nos cunde el pánico y asumimos un modelo mental negativo basado en hechos reales que nos lleva a tomar decisiones, que posiblemente, nos conducen a iniciar el camino de nuestra propia desgracia como empresario o como comerciantes o como personas. Cuidado señor empresario, ¿acaso está usted siendo víctima de este tipo de hechos negativos que nos llevarán a prolongar innecesariamente esta dura agonía? Piense que más allá de una realidad económica tenebrosa (cierta además) es cada uno de nosotros el responsable de romper con su propio modelo mental de fracaso, aunque las pruebas de fracasados estén al alcance de su mano. Piense señor comerciante que todos estos locales desocupados pueden ser el resultado de colegas que quedaron atrapados en su propio modelo mental de miedo, parálisis y terror que imposibilitó a dicho comerciante ver el cielo azul que siempre brilla para quienes vuelan por encima de las nubes. Seguramente en usted viene creciendo una idea poderosa que aplicándola puede transformar la realidad de su medio y, entonces, su empresa puede convertirse en ejemplo que inyectará confianza y decisiones a otros que le observan a su alrededor y ellos también tomarán la iniciativa.
Usted señor ejecutivo puede ser el portador de una idea innovadora y lo suficientemente agresiva que le permita a su empresa crear prosperidad a pesar de los negros vaticinios de los expertos de su industria. No se detenga ahora porque su idea sea rechazada, pelee con fuerza, y decisión y fiereza, haga llegar su voz de confianza y seguridad a los más altos mandos, proteste con tesón ante los miedosos, inspire a su equipo de trabajo para que nadie se entregue, recuérdeles que los vecinos mentales no protagonizan la historia ni tienen derecho a ver crecer a sus hijos en una sociedad próspera. Es posible que esta anécdota sea un motivo para empezar. En Honda un joven ingeniero se enredó en una acalorada discusión con el socio fundador Soichiro Honda para defender una idea innovadora sobre el funcionamiento de un motor, el señor Honda no parecía importarle mucho la nueva idea y la rechazo, el ingeniero indignado y convencido de lo que significaba en innovación su idea para la empresa decidió declararse en huelga durante un mes. Impresionado por la convicción y la pelea que dio el ingeniero el señor Honda decidió escucharlo y cambio de perecer. Este joven ingeniero se llama Tadashi Kume y es hoy el presidente de Honda.
Cuando uno se levanta todos los días con la presión de los malos acontecimientos de la semana anterior es imposible tener cabeza para creer que tiene sentido construir el futuro. La desgracia cansa, entorpece y nos vuelve complacientes y conformes. Es necesario que cada día nos levantemos amnésicos de ésta oscura situación que estamos cargando. Aprender a olvidar es una función estratégica que es necesario aplicarla en el momento preciso. Y este es el momento preciso.
La mayoría de las empresas, personas y negocios tienen metas y objetivos, y esas son razones muy débiles que no inspiran el compromiso ni la devoción de la gente para tener un desempeño de orden superior como lo exige una época como la actual. Al ser humano lo mueve un propósito en el que valga la pena creer y por el que tenga sentido entregarse. El joven ingeniero de Honda más allá de un objetivo claro tenía un propósito que lo impulsó a hacer una huelga de hambre por no poderlo llevar a cabo. La fuerza de un propósito digno es lo que nos hace falta en cada uno de nuestros corazones para derrotar este mar de desgracias y pesimismo que nos tiene acobardados.
Ninguna gran realización de la humanidad ha sido el producto de una meta o de un objetivo. La verdadera alegría de la vida reside en formar parte de la realización de un propósito que cada uno reconoce como lo suficientemente poderoso como para entregar la vida por encima de la adversidad. Cuando en la vida de un hombre hay un propósito la desgracia sale asustada y el miedo no se desvanece cobardemente.

Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com

   

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