Detestamos la pobreza y
todo lo que amenaza el bienestar.
No me gusta la palabra microempresario. Me parece que le resta cierta
grandeza inherente al esfuerzo Quijotesco que es hacer empresa en un
país como el nuestro (Colombia). El sólo hecho de embarcarse en ese mundo y
pelear 24 horas diarias por salir adelante a toda costa, le parece a este
atrevido hombre el título completo de empresario, porque él es todo
un campeón que está en la dura tarea de hacerse a sí mismo. Uno, o es
empresario o no, pero eso de “micro” es despectivo, lesiona la mente,
baja la autoestima, empobrece las aspiraciones, limita las
posibilidades.
La palabra microempresario debe borrarse del lenguaje empresarial
porque para los microempresarios en los bancos sólo le ofrecen micropréstamos,
corren micro-riesgos, los proveedores les dan microcréditos,
la vida les ofrece micro-oportunidades y cuando salen en
busca de ayuda muchos directivos de todo tipo de entidades les
dedican micro-tiempo. Y al final hasta terminar teniendo micro-ideas.
Esa equivocada manera de ver la audacia empresarial puede poner en
duda las esperanzas, esas de las que tanto se habla que nunca se
pueden perder. Creerse microempresario es muy peligroso porque uno
termina sintiéndose micro. Y ese sí que puede ser el comienzo del
desastre de la verdadera mentalidad empresarial.
Es muy diferente tener una empresa en desarrollo a creerse micro.
Para esta sociedad superflua que le rinde culto a todo lo macro, mega
y super, ser micro es percibido como insignificante o poca cosa.
Inclusive, muchos de los mal llamados “microempresarios” al hablar
con uno dejan entrever un tono de voz, una postura corporal y una
actitud que reflejan su lamentable estado “micro”. Grave error; más
del 90% de las empresas de este país son de las mal llamadas micro,
ese sector es el más dinámico de la economía, el que da más empleo,
el que contribuye a la riqueza más efectivamente, el que genera
mayor diversidad y el que crea miles de oportunidades de todo tipo.
En lugar de concentrar la riqueza la reparte y no hace el daño que
muchas macro están causando hoy a tantos “micro” en ciertos sectores
de la economía debido a su poder desmedido y Maquiavélico.
Mirado desde otro de punta de vista, a muchos de los mal llamados
microempresarios, como consecuencias de creerse micro, se vuelven
víctimas de una carencia de mentalidad empresarial. Un verdadero
empresario jamás se siente pequeño porque, independientemente de
que se tenga una infraestructura de poco monto, lo que sí tienen es
una proyección mental contundente de gran alcance. Otro vacío es que
muchos no diferencian lo que significa tener un negocio de lo que
significa hacer empresa. Estudian poco, no investigan, planean para el
día e improvisan constantemente desde las circunstancias que se van
presentando. A uno le parece que están más en la lucha por la
sobrevivencia que en la búsqueda de una sólida prosperidad
empresarial. Definitivamente, el empresario empieza por una
mentalidad de alto vuelo que por ninguna razón permite que se le
minimice. Yo invito a estos empresarios en desarrollo a que se le
minimice. Yo invito a estos empresarios en desarrollo a que por ningún
motivo acepten el apelativo de “microempresarios” ya, que a mi modo
de ver, es un atentado contra la dignidad de un verdadero empresario.
Digo esto porque el lenguaje es muy poderoso y actúa de manera
inconsciente sobre la forma como concebimos las cosas. Las palabras
son energías que producen resultados concretos. El lenguaje se vuelve
huella, eco mental que de tanto repetirse termina moldeando lo que
uno es.
Desde el punto de vista del mercadeo y la comercialización la
mentalidad de los mal llamados microempresarios deja mucho que
desear. El conocimiento de sus productos es sobresaliente pero el de
mercadeo es prácticamente nulo. Y productos sin mercadeo no tiene
derecho a jugar. Una gran cantidad de ellos no han desarrollado un
concepto claro de imagen corporativa. Su imagen gráfica es
lamentable. Sus logotipos son descuidados y muy deficientes
conceptualmente, sus empaques no guardan las proporciones de las
exigencias del mercado, las etiquetas las hacen donde sean más
baratas y sus presentaciones son tan pobres como su mentalidad de
“micro”. Hace apenas unos días me visitó un mal llamado
microempresario con unos productos geniales lamentándose del poco
apoyo del comercio a la hora de acoger sus maravillas industriales yo
le hice ver qué manera estaba incurriendo en todos los errores que
acabo de mencionar y él se quedó perplejo porque ni siquiera sabía
que había ignorado todos esos aspectos fundamentales del mercadeo.
Al finalizar la entrevista me dijo “ya veo que lo poco que he vendido
parece más el resultado de un milagro”.