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EL MAL LLAMADO MICROEMPRESARIO

Iván Mazo Mejía

 
 
Detestamos la pobreza y
todo lo que amenaza el bienestar.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

riqueza

No me gusta la palabra microempresario. Me parece que le resta cierta grandeza inherente al esfuerzo Quijotesco que es hacer empresa en un país como el nuestro (Colombia). El sólo hecho de embarcarse en ese mundo y pelear 24 horas diarias por salir adelante a toda costa, le parece a este atrevido hombre el título completo de empresario, porque él es todo un campeón que está en la dura tarea de hacerse a sí mismo. Uno, o es empresario o no, pero eso de “micro” es despectivo, lesiona la mente, baja la autoestima, empobrece las aspiraciones, limita las posibilidades.
La palabra microempresario debe borrarse del lenguaje empresarial porque para los microempresarios en los bancos sólo le ofrecen micropréstamos, corren micro-riesgos, los proveedores les dan microcréditos, la vida les ofrece micro-oportunidades y cuando salen en busca de ayuda muchos directivos de todo tipo de entidades les dedican micro-tiempo. Y al final hasta terminar teniendo micro-ideas.
Esa equivocada manera de ver la audacia empresarial puede poner en duda las esperanzas, esas de las que tanto se habla que nunca se pueden perder. Creerse microempresario es muy peligroso porque uno termina sintiéndose micro. Y ese sí que puede ser el comienzo del desastre de la verdadera mentalidad empresarial.
Es muy diferente tener una empresa en desarrollo a creerse micro.
Para esta sociedad superflua que le rinde culto a todo lo macro, mega y super, ser micro es percibido como insignificante o poca cosa.
Inclusive, muchos de los mal llamados “microempresarios” al hablar con uno dejan entrever un tono de voz, una postura corporal y una actitud que reflejan su lamentable estado “micro”. Grave error; más del 90% de las empresas de este país son de las mal llamadas micro, ese sector es el más dinámico de la economía, el que da más empleo, el que contribuye a la riqueza más efectivamente, el que genera mayor diversidad y el que crea miles de oportunidades de todo tipo.
En lugar de concentrar la riqueza la reparte y no hace el daño que muchas macro están causando hoy a tantos “micro” en ciertos sectores de la economía debido a su poder desmedido y Maquiavélico.
Mirado desde otro de punta de vista, a muchos de los mal llamados microempresarios, como consecuencias de creerse micro, se vuelven víctimas de una carencia de mentalidad empresarial. Un verdadero empresario jamás se siente pequeño porque, independientemente de que se tenga una infraestructura de poco monto, lo que sí tienen es una proyección mental contundente de gran alcance. Otro vacío es que muchos no diferencian lo que significa tener un negocio de lo que significa hacer empresa. Estudian poco, no investigan, planean para el día e improvisan constantemente desde las circunstancias que se van presentando. A uno le parece que están más en la lucha por la sobrevivencia que en la búsqueda de una sólida prosperidad empresarial. Definitivamente, el empresario empieza por una mentalidad de alto vuelo que por ninguna razón permite que se le minimice. Yo invito a estos empresarios en desarrollo a que se le minimice. Yo invito a estos empresarios en desarrollo a que por ningún motivo acepten el apelativo de “microempresarios” ya, que a mi modo de ver, es un atentado contra la dignidad de un verdadero empresario.
Digo esto porque el lenguaje es muy poderoso y actúa de manera inconsciente sobre la forma como concebimos las cosas. Las palabras son energías que producen resultados concretos. El lenguaje se vuelve huella, eco mental que de tanto repetirse termina moldeando lo que uno es.
Desde el punto de vista del mercadeo y la comercialización la mentalidad de los mal llamados microempresarios deja mucho que desear. El conocimiento de sus productos es sobresaliente pero el de mercadeo es prácticamente nulo. Y productos sin mercadeo no tiene derecho a jugar. Una gran cantidad de ellos no han desarrollado un concepto claro de imagen corporativa. Su imagen gráfica es lamentable. Sus logotipos son descuidados y muy deficientes conceptualmente, sus empaques no guardan las proporciones de las exigencias del mercado, las etiquetas las hacen donde sean más baratas y sus presentaciones son tan pobres como su mentalidad de “micro”. Hace apenas unos días me visitó un mal llamado microempresario con unos productos geniales lamentándose del poco apoyo del comercio a la hora de acoger sus maravillas industriales yo le hice ver qué manera estaba incurriendo en todos los errores que acabo de mencionar y él se quedó perplejo porque ni siquiera sabía que había ignorado todos esos aspectos fundamentales del mercadeo.
Al finalizar la entrevista me dijo “ya veo que lo poco que he vendido parece más el resultado de un milagro”.

Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com

   

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