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Los llamados cuatro de Liverpool formaron la mayor y más exitosa empresa musical del siglo XX y aún hoy, casi 40 años después de su disolución, no hay indicios que alguien pueda alcanzarlos. Y menos superarlos. Según la revista Forbes, Paul McCartney posee una fortuna que supera los US$1.400 millones y la de Ringo Star asciende a unos US$250 millones. Yoko Ono fue nombrada albacea del patrimonio que dejó John Lennon en 1980, año en que fue asesinado por un psicópata, que correspondía a una cantidad cercana a los US$600 millones, Por su parte George Harrison, muerto en 2001 dejó a sus familiares e instituciones religiosas y de caridad la suma de US$500 millones. Curiosamente, esta fortuna del compositor de Taxman tuvo que reducirse en un 40% por el pago de los impuestos de sucesión.
Si recordamos George escribió en su famosa canción, incluida en el disco Revolver. “…mi consejo ahora para el que muera, declara los peniques en tus ojos, porque soy el recaudador de impuestos, si soy el recaudador de impuestos y tú sólo trabajas para mí…”. Indudablemente el exBeatle conocía, como todo empresario, de los problemas y los efectos fiscales. Un emprendimiento tan famoso como The Beatles, se debe además del talento sin par de sus integrantes, a ciertos aspectos clave de talante empresarial que funcionaron tan bien, que hoy no podemos decir que fue el mejor Grupo; fue tan fantástico que tendríamos que decir que fué y por ahora seguirá siendo, el único.
Veamos cuales pudieron ser esas estrategias claves que lo hicieron insustituible: El emprendimiento no surgió de la amistad Cada uno de sus cuatro integrantes aprendió a tocar sus instrumentos independientemente y de jóvenes tuvieron sus propios grupos musicales. Hacia 1956 cuando tenía unos 15 años, John formó su primer grupo con unos amigos de su escuela y se hacían llamar The Quarrymen. En julio de 1957, Paul asistió a un concierto que daba este grupo en la parroquia del barrio y en los intermedios tocó el piano y la guitarra y además cantó. A John lo impresionó, y una semana más tarde envió a un amigo con la propuesta para Paul de unirse al grupo. No le importó sacar a uno de los suyos y reemplazarlo por el mejor, Paul. Sólo a principios de 1958 el tercer Beatles, George Harrison se unió al grupo. George tenía fama de ser el mejor guitarrista del barrio y John le dijo que si era capaz de tocar mejor que el músico que estaba con ellos, podría ser parte del grupo. Lo que sucedió ya se conoce de sobra. El último Beatles Ringo, se incorporó mucho después, como ya es historia, el primer baterista de los The Beatles fue Meter Best, el hijo de Mona, la dueña de “The Cavern”, uno de los primeros lugares en donde tocó el grupo en Liverpool. Pero sus compañeros nunca estuvieron muy cómodos con su estilo de tocar la baterista, hasta que empezaron a pensar que necesitaban el mejor baterista de Liverpool, que era un tipo que se hacía llamar Ringo Star. En agosto de 1962, John le llama, le hace la propuesta y Ringo acepta. The Beatles por fin estaban establecidos. Ciertamente, esta sociedad no fue de amigos, sino quienes participaron en ella lo hicieron por méritos propios, porque por lo menos en su campo y en ese momento, eran los mejores para asumir esa responsabilidad. Aquí se cumple, uno de los célebres principios de la estructuración de empresas: “Apártate de los negocios nacidos de la amistad y cultiva la amistad nacida de los negocios”.
Inspiraron la nación de la creación de valor añadido En la década de los 60´s se fundaron cientos de buenos grupos de rock ¿Los recuerdan?... The Animals, Simon&Garfunkel, Dave Clark Five, TheWho, algunos de ellos subsisten aún, como los Rolling Stones, pero sería casi un irrespeto compararlos con The Beatles. El secreto: los cuatro de Liverpool entendieron que, aunque las canciones eran el “core” de su promesa comercial, debían acompañarse de otros integrantes que la diferencia de la buena música que se producía en esa época. Así es como The Beatles vendió una especie de una nueva forma de vida: Nuevos modos de vestirse, de corte de cabello, de actuar en el escenario. Más tarde enriquecieron su oferta al convertirse en capitanes de la paz, de la defensa de la ecología, en pregoneros del amor y aún de la mística, el yoga y de la meditación trascendental. Todo este “paquete de sensaciones” influyó y siguen ejerciendo un gran atractivo en los jóvenes y en la sociedad universal de los últimos cuarenta años. Esta es la expresión de John “Éramos famosos aunque nuestras actuaciones no duraban más de treinta minutos. Cincuenta mil personas y nos íbamos. A veces estabas tan afónico que prácticamente no cantabas y aún así nadie se daba ni cuenta por el ruido que había. La música no se oía. Era como una función de circo. The Beatles era una fiesta y la música no tenía nada que ver con ello” ¡Increíble!. Nuestros artistas podían quedarse callados en un espectáculo y sus fans siempre dirían que asistieron al “concierto de su vida”
Parece que ese rancio adagio de las Escuelas de Negocios de “hay que hacer ese algo más para convertir a los clientes satisfechos en fanáticos de nuestros productos y servicios” cobra con The Beatles todo su esplendor. Agregar valor, es la clave de las empresas. En emprendimientos exitosos más familiares entre nosotros, esta figura se nota de inmediato. O si no que lo ratifiquen empresas como Creps and Waffles, las tiendas zara en España o el concepto de Arturo Calle para el caso colombiano, Andrés Carne de Res y muchos otros. Al final lo que venden es un valor añadido” que sus empresarios han procurado desarrollar en la medida en que maduran sus empresas, como una forma de diferenciarse de los demás y de imponer barreras de entrada para los posibles nuevos competidores. Ficharon a los mejores colaboradores desde el inicio de la aventura The Beatles, siempre se rodearon de los mejores. Del mejor empresario musical Brian Epstein, desaparecido en forma prematura; de George Martín, el mejor productor de discos; Derek Taylor en el manejo de medios; Neil Aspinall y muchos otros. Eran los mejores. Pero el personaje que más impresiona es Mal Evans, que fue contratado desde los años de Liverpool como un simple “utilero” del Grupo en las giras artísticas, Mal conducía, probaba y conducía los equipos, cargaba los cables, era el “hombre de las operaciones”. Pero mal trabajó muy fuerte, sirvió como a nadie a sus superiores, progresó y con el tiempo se convirtió en una persona indispensable para la empresa. Cuando The Beatles dejaron de hacer gira en 1966, Evans ya se había convertido en su amigo y siguió trabajando con ellos en estudio. Progresó tanto que hasta se convirtió en músico!... y participó en varias grabaciones: hizo parte del coro en You know My Name” escrita por lennon, tocó las teclas en You Won´t seeMe” en disco Rubber soul, la pandereta en Dear Prudente”, la armónica en Being the Benedit of mr.kite”, la trompeta en “Welter skelter”, puso su voz en “Yellow Submarine”, y tocó algunos acorde de piano en la inolvidable “A Day in the Life”. Hace muchos años en mi época de estudiante un “beatlomano” de Irlanda, país con el que me une entrañables lazos familiares, me habló de una frase atribuida a Evans: “servir es mandar”. Creo que fue mi primer aprendizaje real sobre lo que es la Dirección de empresas. No sé si la dijo Mal, pero en cualquier caso me parece sensacional e irrefutable, y aquí la historia de The Beatles la prueba magníficamente. Los que sirven son los líderes. Cómo podríamos los empresarios aprender de todo esto cuando se trata de trabajar por el cliente, por el país, de colaborar con causas nobles, de cooperar con la búsqueda del equilibrio de distribución de la riqueza. Quien más trabaja y si es en forma desprevenida mejor, se convierte en la persona más influyente de su entorno. La historia de Mal se aplica a muchos de los empleados/socios clave de algunos empresarios. Nacieron con la empresa y crecieron con ella y se convirtieron en “arquitectos” de su cultura y actores fundamentales en los grandes momentos de la organización. En muchas ocasiones el éxito de la organización, depende de su trabajo y visión. Si no se seleccionan bien desde el comienzo, con el tiempo sólo se tendrán dos opciones: 1 despedirlos a pesar de sus contribuciones en el inicio de la aventura o 2. Seguir con ellos sacrificando parte del crecimiento y potencial de la empresa. Una decisión que con cualquiera de las opciones, se pierde. Por eso la única salida ganadora es contratar y trabajar con los mejores desde el comienzo. ¡Sabio consejo! Inconformes y enamorados de lo que hacían Curiosa hermandad, inconformidad y pasión. Pero esa es la esencia de los éxitos empresariales y The Beatles no fueron la excepción. Cuando los reporteros formulaban la infaltable pregunta sobre cuál era el álbum que más le gustaba, nunca obtenían una respuesta concreta. No creo que la razón fuera la cursi que dice, “es como decir qué hijo quiero más”. Esas comparaciones no tienen lugar. La verdadera explicación es que nunca, ningún Beatles estuvo plenamente satisfecho con su trabajo, siempre creyeron que se podía hacer mejor. O si no veamos algunos de los aforismos expresados por nuestros héroes. De ringo: “Sgt. Pepper’s se convirtió en el álbum de la década, o quizás del siglo. Era innovador, contenía unas canciones geniales, era un placer escucharlo y me alegro de haber participado en él, pero creo que el álbum Blanco es mejor”. O que tal esa de John: “Abbey Roal al igual que todos los discos, tenía temas que me gustaban y otros que no. Nunca he sido un fan incondicional de ninguno de nuestros discos”. Los auténticos emprendedores son semejantes. O quién de nosotros ha estado plenamente satisfecho con la obra realizada. Siempre he considerado que esta es una de las diferencias radicales entre el negociante y el empresario. Para el negociante basta una buena ganancia para retirarse. Un emprendedor siempre cree que puede hacer mucho más y esa es la verdadera razón de su existencia y de la competitividad duradera. Pero para soportar ese trajín tiene que tener pasión por lo que hace, que es la motivación que suministrará el combustible para trabajar 70,80 y muchas más horas a la semana. En conclusión, porque tenemos pasión estamos inconformes con lo que hacemos, pero si no existiera la pasión no podríamos vencer la inconformidad. Pero el estar conformes, no nos sentimos bien, entonces… Ese es el ciclo virtuoso que anima constantemente a los emprendedores triunfantes. El sacrificio y saber qué el éxito no llega por suerte o talento. The Beatles, sobre todo en su primeros tiempos, fueron unos trabajadores audaces, eran eso que hoy llamaríamos unos “workaholics”. Ensayaban 24 horas al día, al principio en la casa de George, después en cualquier lugar de Londres, al final en los estadios de EMI y de Apple Records. Ellos trabajaban intensamente, empezaron por abajo, por donde inician la mayoría de los grupos musicales y requirieron mucho tiempo para llegar a ser lo que finalmente fueron. En cierta ocasión leí en algunos de los miles de escritos que se han publicado sobre el Grupo, algo que era así como una entrevista. Al principio John señalaba “El primer álbum fue grabado en una larga sesión de doce horas” y después George continuaba: “con el segundo tardamos todavía más”. Eso es lo que sucede con los emprendimientos, habitualmente se cree que el trabajo es apenas el principio, pero cuando estamos adentro, el perfeccionismo y la hostilidad del entorno nos obligan cada vez a trabajar más y mucho más. Pero lo que es maravilloso es que cada vez que nos entregamos más al trabajo llegamos a la conclusión que la única alternativa válida para triunfar es el trabajo íntegro y honesto. Cuando el emprendedor entiende esta sencilla verdad en el campo de batalla, tiene asegurado gran parte de su éxito. Pero algo curioso, muchos empresarios cuando tienen éxito corren el peligro de creerse muchos mejores de lo que realmente son, cayendo en uno de sus errores más comunes y funestos que es la opulencia. Lo opuesto no necesariamente es bueno. Porque si no se tiene cierta dosis “ego”, de saber qué están haciendo las cosas mejor que los demás, el estímulo para seguir adelante en su lucha tiende a disminuir, y con él, la posibilidad de hacer más y mejores cosas. Alguna vez John lo dijo con una claridad elemental: “cuando era un Beatles pensábamos que éramos el mejor Grupo de este mundo y creer eso fue lo que hizo que fuéramos lo que fuimos”. ¡Era un grande! Por qué se separaron The Beatles Pero como muchos de los emprendimientos, The Beatles también se acabaron. En el primer semestre de 1970, se extendieron los rumores de la disolución del Grupo y pronto la noticia se volvió oficial: Los Beatles terminaban con más de ocho años de labores continuas y sus integrantes harían sus trabajos por separado. Tal vez mucho de nosotros conocemos las causas de este triste hecho, pero talvez pocos desde esta perspectiva empresarial. En mi opinión: · Porque fue una empresa que empezó con todos sus socios solteros y al final todos ya tenían familias. No supieron diferenciar los asuntos familiares de los profesionales y sus nuevos miembros. Las esposas empezaron a ejercer su influencia. · Porque uno de los familiares políticos, Yoko Ono, quiso manejar ciertos asuntos de la empresa y sobre todo ejerció un fuerte dominio sentimental sobre uno de los principales socios, John. · Porque un socio empezó a cambiar de papel y a exigir más responsabilidades. George comenzó a publicar composiciones fabulosas, pisando los terrenos de John y Paul. · Porque contrataron a Allen Klein como nuevo manager y no a Hill Estman, suegro de Paul. Supongo que generó en el compositor problemas personales con linda su esposa. · Porque las finanzas del grupo no iban bien, los dividendos habían disminuido y sus socios creyeron que les irían mejor solos que dentro de la sociedad. · Porque sus integrantes no tenían motivación para hacer más competitiva su organización. Observemos lo que en ese entonces decía Paul: “Pensé que no era buena idea tener nuevas ideas, eso fue el comienzo de la ruptura de The Beatles”. ¡Estás en lo cierto Paul! · Porque no trazaron metas a lo mediano y largo plazo y cuando lo propusieron, ya los socios tenían sueños personales. · Porque se acabó la magia de lo que hacían. Desde cuatro años atrás no hacían conciertos, los estudios de grabación les parecían aburridos, las inevitables y nutritivas diferencias musicales se transformaron en problemas personales. · En fin porque desapareció el “animus societatis”. La empresa no se terminó de repente, desde años atrás se sentía una energía negativa entre sus integrantes y un ejemplo patético es la película “Let it be”. El proyecto The Beatles, desapareció poco al igual que los divorcios, que no terminaban de la noche a la mañana sino que se necesitan meses y a veces años para la separación final. Como apuntó Ringo:”…Y existen años de miseria hasta que al final dices terminemos de una vez. Así se acabó el más hermoso proyecto musical de los maravillosos años sesentas. Pero aún así, sus seguidores continuaron creyendo que el sueño no se acabaría, que The Beatles se volverían a unir para tocar y cantar por la paz del mundo. Esta ilusión la fracturó uno de los hombres más odiados de nuestros tiempos Mark Chapman, cuando asesinó a John en New York el 8 de diciembre de 1980. Pero aún así quedaba la esperanza de la unión del Grupo, pues sus fans creían que Julian o Sean podrían tomar el lugar de su padre, pero la utopía se perdió sin retorno el 29 de noviembre de 2001, cuando un cáncer en la cabeza mató a George en California. Ahora del inigualable Grupo de Liverpool, sólo nos quedan sus discos, sus películas… y sus enseñanzas empresariales.
Fabio Novoa Rojas
Tomado de Revista AIRES, mayo de 2008 |